
La Filarmónica de Santo Domingo ofrecerá un concierto el próximo 11 de febrero, a las 8:30 p. m., en la Sala Carlos Piantini del Teatro Nacional Eduardo Brito, a beneficio de Promapec, institución dedicada a promover el desarrollo integral de jóvenes dominicanos, con el fin de convertirlos en ciudadanos productivos que contribuyan al progreso económico y social del país.
El concierto estará dirigido por el maestro Amaury Sánchez y contará con la participación especial del reconocido pianista letón Daumants Liepinš, solista de la noche.
Liepinš es reconocido por su sensibilidad interpretativa y su técnica impecable. Fue ganador del Primer Premio del Concurso Internacional de Piano de Santander (Paloma O´Shea) y se ha presentado en las principales salas y festivales de Europa y América.
Posee un amplio repertorio que abarca desde los clásicos hasta obras del siglo XX, y se distingue por lecturas profundas, elegantes y altamente expresivas.
El Concierto «Emperador»: Beethoven frente a la adversidad
Como primera obra se interpretará el Concierto para piano n.º 5 de Beethoven, conocido como Emperador, el último que escribió para este instrumento. La obra data de mayo de 1809, época en la que el ejército de Napoleón sitió Viena, lo que provocó la huida de la familia imperial austríaca y de la corte.
Quienes no podían o no deseaban abandonar la ciudad buscaron refugio en los sótanos. Beethoven se albergó en el de la casa de su hermano.
Tras el cese del bombardeo y la rendición de las fuerzas austríacas, el compositor describió «una ciudad llena solo de tambores, cañones, hombres marchando y miseria de todo tipo».
Al finalizar el verano, Beethoven abandonó Viena y compuso varias obras maestras en la tonalidad «heroica» de mi bemol, entre ellas el Quinto Concierto para piano y el Cuarteto ´Arpa´, Op. 74. Las duras experiencias de los meses anteriores no mermaron su capacidad creativa.
Con la firma del Tratado de Viena, en octubre de 1809, la vida en la ciudad recuperó cierta normalidad; sin embargo, no hubo oportunidad de presentar el nuevo concierto.
Dos años después, la obra se estrenó en Leipzig, con Friedrich Schneider como solista. Beethoven, quien había interpretado la parte solista en sus cuatro conciertos anteriores, ya estaba demasiado sordo para hacerlo con una orquesta.
El estreno vienés tuvo lugar en febrero de 1812, con Carl Czerny, alumno de Beethoven, como solista. Se cuenta que, en esa ocasión, un oficial francés lo calificó como «un emperador entre los conciertos». Sea cual fuere el origen del sobrenombre, este resultó apropiado para una obra de tal magnitud.
En este concierto, Beethoven escribe para la siguiente generación, rompiendo con los parámetros de su tiempo. Con el Emperador creó un concierto verdaderamente sinfónico.
El primer movimiento se abre con un majestuoso acorde en mi bemol de toda la orquesta, interrumpido por una serie de arpegios igualmente imponentes del solista, que sugieren una cadencia temprana.
No obstante, Beethoven alterna potentes diálogos entre la orquesta y el piano. Tras la introducción, el piano presenta un tema amplio y de carácter fanfarrón. La parte solista desarrolla la técnica del instrumento con absoluta libertad y brillantez.
El segundo movimiento es uno de los pasajes más sublimes del compositor. Las cuerdas con sordina interpretan un tema de incomparable belleza y ternura; el piano responde con silenciosos tresillos descendentes que aportan variedad rítmica y fluidez, creando una sutil tensión hasta la plena exposición del tema.
El carácter nocturno del movimiento se refuerza mediante un delicado equilibrio entre maderas, cuerdas y solista, mientras la música se desvanece misteriosamente. Luego, sobre una nota sostenida de la trompa, el piano introduce suavemente el tema del Rondó final. De forma súbita y dramática, el piano irrumpe con un allegro exuberante y grandioso.
