Ángel, un guerrero que vive entre las sombras y las carencias, pero eso no es obstáculo para buscar el sustento de su familia

Angel Antonio Jacinto, de 40 años, sufrió una trombosis ocular que le dejó ciego.

A pesar de su discapacidad visual sale a las calles a vender suapes, que el mismo confecciona, para poder llevar el sustento a su esposa y 4 hijas adolescentes.

Santo Domingo Norte.- Hay personas que ante las dificultades se sienten derrotadas, y otras que, en medio de los obstáculos, encuentran la fuerza para seguir adelante cada día. La historia de Ángel, narrada para el Global Informativo, es un ejemplo de resiliencia y esperanza.

Ángel Antonio Jacinto Agramonte tiene 40 años y vive en una comunidad llamada Los Arroyos, en Ponce de Los Guaricanos, municipio Santo Domingo Norte. En ese lugar, en medio de caminos difíciles y una vida marcada por la pobreza, él comparte su hogar con su esposa y sus cuatro hijas adolescentes.

Hace cuatro años, la vida le cambió por completo: sufrió una trombosis ocular que le dejó ciego. Recuerda ese día como si fuera ayer: “Me dolía mucho la cabeza y empecé a ver borroso, hasta que perdí la vista por completo”, relata con una mezcla de tristeza y fortaleza.

El diagnóstico fue duro y, durante un año, Ángel cayó en una profunda depresión. Tuvo que aprender a hacer las cosas básicas de nuevo, caminar y alimentarse, como si fuera un bebé que acaba de nacer. Pero, a pesar de todo, como hombre creyente y que profesa la religion cristiana evángelica, nunca perdió la fe ni la esperanza. Él dice que Dios no lo abandonó y que su familia fue su mayor apoyo en esos momentos difíciles.

A pesar de su ceguera, Ángel no se quedó de brazos cruzados. Gracias al apoyo del Patronato Nacional de Ciegos, aprendió a desplazarse por las calles sin ayuda y se capacitó en diferentes oficios, como masajes, informática y la confección de suapes, (utensilios para limpiar los pisos). Con esfuerzo y dedicación, comenzó a vender estos productos para llevar el sustento a su hogar. De lunes a sábados, de 9 de la manana hasta las 5 de la tarde, Ángel sale a las calles a venderlos en unos 250 pesos, a veces los vende todos , pero hay días que no.

Aunque su trabajo le ayuda a cubrir lo más básico, la situación sigue siendo difícil. La vivienda en la que reside es una casucha en mal estado, que le fue prestada por un familiar hace un año, y su esposa no trabaja. La responsabilidad de cuidar y mantener a sus hijas recae en él, y cada día lucha por darles un futuro mejor. Su historia nos recuerda que, con fe, esfuerzo y apoyo, es posible superar incluso las adversidades más grandes. Ángel es un verdadero guerrero, y necesita tu ayuda.

Si deseas colaborar con Ángel, ya sea ofreciéndole un empleo o una ayuda económica, puedes comunicarte con:

  • Cintia, esposa de Ángel: +1 (849) 540-8528
  • Santiago Reyes, pastor de la comunidad Los Arroyos: 829-563-1012
  • Julio, hermano de Ángel: 829-741-9802

Redacción : Ana Carolina MañónPeriodista

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