Un llamado a la cordura y la fe ante el desvío del rumbo del Tribunal Constitucional

​Por Julio Ángel Ledesma, Jurista y Analista Social

​La reciente Sentencia del Tribunal Constitucional (TC) ha generado una ola de profunda preocupación y rechazo en amplios sectores de la sociedad dominicana, y con razón. Esta decisión, que a todas luces «democratiza la homosexualidad» al declarar inconstitucionales varios artículos que prohibían las relaciones entre personas del mismo sexo en la Policía Nacional y la Armada Dominicana, representa un giro ideológico sumamente peligroso que desborda el marco de nuestra identidad cultural, social y, lo más importante, moral y cristiana.

​La Imprudencia del Tribunal y la Desarticulación Moral

​El TC, en su afán de alinearse con modas y agendas foráneas, ha incurrido en una grave irresponsabilidad: la desarticulación de la moral y la disciplina en nuestros cuerpos castrenses. Al eliminar las prohibiciones que regían estas instituciones (cuyos miembros están sujetos a un régimen de disciplina especial que trasciende las libertades civiles ordinarias), el alto tribunal no solo permite, sino que tácitamente legitima las relaciones homosexuales en el seno de la Policía y la Armada. Esto es un portazo directo a la estructura jerárquica y el orden que son pilares esenciales para la operatividad y el respeto público de nuestras fuerzas de seguridad.

​La sentencia no es simplemente una «protección de derechos»; es una rendición de la autoridad moral. Da rienda suelta a que militares y policías decidan, basados en su propia orientación sexual, con quién tener relaciones, ignorando que su rol es de servicio público y que su conducta debe estar siempre al margen de cualquier práctica que pueda minar la confianza o la disciplina interna.

​ La Espalda a los Principios Cristianos

​Uno de los aspectos más dolorosos y repudiables de esta sentencia es su descarado abandono de los principios cristianos que históricamente han cimentado el ordenamiento jurídico y la moral pública de la República Dominicana. El Tribunal Constitucional, con esta decisión, ha colocado de rodillas a las iglesias y a todos aquellos que predican la Palabra de Dios y defienden la familia nuclear, instituida por Dios, como única célula de la sociedad.

​La inobservancia del TC ante la trascendencia de la Ley Natural y los valores que emanan del cristianismo es inaceptable en una nación cuya Constitución invoca el nombre de Dios en su preámbulo y cuya población es abrumadoramente creyente. Al promover y legitimar prácticas contrarias a la enseñanza bíblica sobre la sexualidad y el matrimonio, el Tribunal no solo legisla en contra de la fe, sino que traiciona la esencia misma de nuestra identidad nacional. La familia, base de la sociedad y unión de un hombre y una mujer, queda herida de muerte por esta desafortunada y descabellada interpretación.

​ Recomendaciones: Enmendar un Error Histórico

​Ante esta injerencia judicial en la moral y la disciplina institucional, el Tribunal Constitucional tiene la imperiosa obligación de enmendar su error y restablecer el orden que ha subvertido.

​Rectificación y Disculpa Pública: El TC debe anular o modificar de manera inmediata esta sentencia y disculparse ante la sociedad dominicana, la cual se siente defraudada y traicionada por este desatino. La alta corte debe recordar que su función es proteger la Constitución y los valores de la nación, no ser un vehículo para la imposición de ideologías de minorías.

​Reafirmación de la Moral y Disciplina Militar: Se debe reafirmar la potestad del Estado de establecer reglas de conducta más estrictas para los miembros de las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional, donde el concepto de la «familia» y el matrimonio tradicional son pilares para mantener la unidad, el respeto y la moral de cuerpo.

​Prioridad a los Principios Constitucionales Fundamentales: El Tribunal debe retomar el camino de la cordura priorizando la protección de la familia como institución fundamental y el respeto a la tradición moral y religiosa de la República, tal como lo consagra nuestra Carta Magna.

​El TC ha errado el camino. Esperamos que la sensatez prime y que este grave desliz ideológico sea corregido antes de que el daño a la disciplina militar y a la moral social sea irreversible. La fe, la familia y la nación esperan una respuesta a la altura de las circunstancias.

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