Desplome de los bonos de JetBlue siembra dudas sobre su recuperación financiera

Santo Domingo. – La directora ejecutiva de JetBlue, Joanna Geraghty, aseguró este martes que la aerolínea no negocia con sus acreedores ni contempla reestructurar su deuda, después de que una fuerte caída en el precio de sus bonos aumentara las dudas sobre su capacidad para financiar su recuperación.

En una entrevista con Reuters, Geraghty también descartó que la compañía esté buscando apoyo financiero del Gobierno de Estados Unidos.

«No estamos en conversaciones con nuestros acreedores», afirmó. La ejecutiva sostuvo que la empresa está logrando avances en su negocio y que buscaba aclarar las inquietudes del mercado.

Sus declaraciones se producen días después de que, según reportes de prensa, un grupo de acreedores contratara a las firmas de asesoría en reestructuraciones PJT Partners y Akin Gump.

JetBlue acumula alrededor de US$8,400 millones en deudas y obligaciones por arrendamientos financieros. La compañía no registra beneficios anuales desde 2019 y reportó una pérdida neta de US$257 millones en el tercer trimestre, frente a los US$143 millones del mismo período del año anterior, principalmente por el aumento del combustible.

Caída de los bonos

Los bonos de la aerolínea respaldados por su programa de viajeros frecuentes TrueBlue, por unos US$2,000 millones, cotizaban el 26 de octubre a aproximadamente US$47 por cada US$100 de valor nominal, frente a unos US$80 a comienzos del mes, según datos de LSEG citados por Reuters.

La caída elevó sus rendimientos por encima del 30 %, reflejo de la mayor compensación que los inversionistas exigen por el riesgo de mantener esa deuda.

«Nuestros resultados cuentan una historia muy diferente de la que nuestros tenedores de bonos están comunicando en el mercado», expresó Geraghty.

Las acciones de JetBlue cerraron este martes con un alza del 19 %, aunque acumulan una caída del 38 % en lo que va de año.

El combustible presiona los resultados

Los gastos de combustible aumentaron un 61 % durante el tercer trimestre. JetBlue indicó que logró compensar el 87 % de ese incremento mediante mayores tarifas, sin una disminución significativa en el volumen de pasajeros.

Los ingresos trimestrales crecieron más de un 20 %, hasta alcanzar los US$2,800 millones.

Sin embargo, la aerolínea advirtió que un aumento del 10 % en los precios del combustible elevaría sus costos en unos US$376 millones durante los próximos 12 meses, tomando como referencia su consumo previsto.

Durante los primeros nueve meses de 2026, la empresa consumió US$273 millones de efectivo en sus operaciones, casi el doble de los US$143 millones del mismo período del año anterior.

Su efectivo e inversiones de libre disponibilidad disminuyeron unos US$850 millones desde diciembre, hasta situarse en US$1,600 millones al cierre de septiembre, en parte por la compra de aeronaves.

¿Cómo podría afectar al mercado dominicano?

Una eventual crisis que obligara a JetBlue a reducir vuelos o suspender operaciones tendría implicaciones para la República Dominicana por el peso de la compañía en su conectividad aérea.

En mayo, la aerolínea se identificó como la mayor operadora del mercado dominicano, con servicios a Santo Domingo, Santiago, Punta Cana y Puerto Plata. Para el verano de 2026 anunció un promedio de 45 vuelos diarios desde y hacia el país.

A partir de esa presencia, una reducción significativa de su oferta podría dejar menos asientos disponibles y presionar al alza las tarifas en las rutas afectadas, especialmente si otras compañías no sustituyeran rápidamente esa capacidad.

Ese escenario podría encarecer los viajes de los dominicanos residentes en Estados Unidos y sus familiares, además de limitar las opciones de vuelos directos. Su alcance dependería de cuáles rutas se recortarán, la temporada y la respuesta de las aerolíneas competidoras.

Para el turismo, una pérdida de conectividad también podría dificultar la llegada de visitantes y repercutir en hoteles, transporte y otros servicios vinculados a su gasto. Sin embargo, no puede asumirse que todos los pasajeros dejarían de viajar: una parte podría trasladarse a otras compañías o utilizar conexiones.

Las aerolíneas competidoras tendrían una oportunidad para ampliar su participación, aunque reemplazar la oferta dependería de la disponibilidad de aeronaves, tripulaciones y espacios en los aeropuertos.

Estos son efectos potenciales de un escenario de reducción o interrupción del servicio, no consecuencias anunciadas por JetBlue.

Una quiebra no implica necesariamente dejar de volar

Una eventual solicitud de protección bajo el Capítulo 11 de la legislación estadounidense tampoco supondría automáticamente el cese de operaciones. Este mecanismo permite que una empresa continúe funcionando mientras reorganiza sus obligaciones bajo supervisión judicial.

Por tanto, el impacto para República Dominicana dependería de si una hipotética reorganización preservara los vuelos o incluyera recortes de rutas y frecuencias. Un cierre de operaciones tendría consecuencias más severas para la conectividad.

Por ahora, Geraghty ha descartado una reestructuración de deuda y la compañía sostiene que cuenta con liquidez suficiente para cubrir sus necesidades durante al menos los próximos 12 meses.

Mantiene sus metas de recuperación

JetBlue reportó una liquidez de US$2,200 millones y alrededor de US$7,000 millones en activos que no están comprometidos como garantía y que podrían ayudarla a obtener fondos adicionales.

La compañía enfrenta pagos de deuda y arrendamientos financieros por US$477 millones en 2027, US$582 millones en 2028 y US$1,800 millones en 2029.

También espera obtener otros US$250 millones en financiamiento respaldado por aeronaves durante el cuarto trimestre. Geraghty mencionó como posibles fuentes adicionales de fondos el negocio de viajes Paisly, las inversiones de capital de riesgo y la alianza de tarjetas de crédito de marca compartida, sin detallar planes específicos.

La empresa empeoró su previsión de margen operativo ajustado para el año y ahora espera un resultado negativo de entre un 4.5 % y un 6.5 %, frente al rango negativo de entre un 2 % y un 5 % anunciado en julio.

Pese a esas presiones, mantiene el objetivo de recuperar la rentabilidad operativa en 2027 y generar un flujo de caja libre positivo en 2028, según Reuters.

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